| Meiotom - poesia |
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diversos |
Leopoldo peña |
El batel de mis soledades…
Batel que navegas en
turbulentas aguas,
Hidalgo en tumbos y plebeyo
en tus avances.
Eres romería de albas y de
noches,
Sempiterna soledad repodas
sola.
Otrora felices
días,
Has trocado en océanos de
lloros.
Igual que los augurios
tristes,
De tu pesca
infortunada.
-Aquí el cuerpo-;-Allá el
pensamiento-,
¡Que tortuosa dualidad tan
discordante!
La prosaica ambición
desprecio el avatar,
Y gambusinos fuimos
tras el oro.
Hoy las redes del
recuerdo lloran perlas,
Regresando al mar la quimera
de las almas idas.
¡Ventisca que desguazas el
velamen!
Zarandeas el batel y mi
ánimo es penuria.
Batel de las tristes
alboradas…
¡Naufraga ya mis angustiadas
noches!
Dejadme ahí por muerto donde
más preciso,
En el pensil florido de mis
felices días.
Y síguete de frente y no
regreses,
Que con gusto te regalo, mi
ambición…y mis pesares.
Pregonera de mis penas
De la iglesia de las
angustias,
Volaron al atrio mis
penas.
Ahí se ven una a una,
y se presumen su
historia.
Y a la asonada de
lloros
que empapan a las
baldosas,
trunca sonoro el
reloj,
poniendo fin a tu
historia.
Y es que el reloj
dolorido,
de taciturna
provecta,
admirado esta de vicios,
que le corroen los
huesos.
Y las penas
socarronas,
se me importunan de largo,
y mis lágrimas alcanzan
la altura del
baptisterio.
Anegado en aquel
pudridero,
el tálamo de la razón
carcome,
al ver que el pregón de mis
penas
fue diversión de
perjuros.
Y la mujer que
pensé,
Fuese extensión de mi
alma,
Resultó ser
pregonera
de las desgracias que
lloro.
Ya ni cuento, ni me
fío.
Me reservo de mis
penas,
Que no hay mejor providencia
Que el cercenarme la
lengua.
Para una rosa dolorida…
No quisiera preguntar de
más,
al intentar sanar esas
heridas del alma.
Existen penas que quisiera
respetar,
y que nunca he de tocar,
porque solo el tiempo es cura.
“Malvado que a flores y
almas hiere,
su perfume y virtud no
trunca”
Así como el aroma de la rosa
nunca muere,
la virtud en tu alma jamás
se extingue.
Que si por ventura el cerdo
se perfuma al rondar la rosaleda,
Conserva por momentos
su fragancia, pero jamás tu
compañía.
La
puerta
Ella traspasó la
puerta…
Voló su alma al
cielo, y cargó con todos.
Se fue en medio del
desorden que nos causa incinerar una bella mariposa blanquecina.
Y
las…
Candelillas negras
hierven en los adentros de sus hijos,
Festinan las
malignas que hoy es día de apagar el sol de todos,
Solo nos queda el
rescoldo silente de su imagen en el novenario de sus
lloros.
Hoy la casa ya no
huele a suave café tempranero,
Ya no hay
Madre que quiera saber de sus hijos,
Hasta el
diario se queda mudo a la puerta,
La razón del
bullicio y la luz,… se han marchado de casa.
Y es
que…
No queda espacio
sin ser despellejado de sus alegrías,
El dolor de su
pérdida se esparce como un olor a incienso intolerable,
Mis afectos han
colgado sus fotos y se han huido con ella.
Siento que la casa
llora, gime, cruje desvastada, y se viene abajo.
La gata
entristecida sigue esperándola, infiltrada de ausencias,
Y solo evoco en la
vigilia de mi sueño acongojado, una voz que me dice a lo lejos…
Te
amo.
La cascadita…
La cascadita de aquel
riachuelo que va a la ermita,
Ermita mi alma, que tu has
dejado, sola y sin ti,
Y ya no emergen
límpidas aguas que ahí nacían,
La cruel sequía de tus
ausencias ya la secó.
La blanca espuma de aquellas
aguas llenas de flores,
Que las magnolias como
suspiros hacían caer,
Hasta las piedras lloran muy
tristes por tus ausencias,
Ya se han secado, ruedan de
pena, penas de amor.
Y ya no pasan inquietas
aguas por las riberas,
Ya solo hay polvo, polvo de
olvido, de soledad,
Y si volvieras como los
trinos por las mañanas,
Vendrían las lluvias y las
magnolias a florecer.
El viejo sauce de
nuestra ermita no se ha secado,
Tiene raíces que van
ahondando en su dolor,
Dolor tan triste como esta
pena que me has dejado,
Que duele tanto, que llora
tanto, de estar sin ti.
Y nuestros nombres siguen
grabados en su corteza,
Los corazones entrelazados
siguen ahí,
Y de esa herida que guarda
el sauce de tu recuerdo,
Brotan mis penas, lloros de
olvido, penas de amor,
Brotan mis penas, ríos de
ausencia, de soledad…
El recuerdo… I
En el rincón del
recuento,
Guardo una pena
alevosa.
Sigue en vigilia en mi
mente,
Ese recuerdo que
añoro.
Y se arrebola en la
noche,
Y no se duerme de
día
Ni muere como el
silencio
Cuando se ahoga entre el
llanto.
Así se extraña a quien
amas.
Así se sufre la
ausencia…
Hay corazones que
abrigan,
Los hados de los
difuntos.
La luna que vende
ausencias
Conmigo se ha
prodigado,
Haciendo con mis recuerdos
Un río que no ha
secado.
Y el sol pardo de
invierno
Seguido se me hace
largo.
Como esos soles
perpetuos
Que se derrochan en
junio.
En busca de las palabras…
Busco, sin encontrar, las palabras precisas,
Que den honorable salida, a un corazón que vacía.
Consigan estás ignotas, que no desfallezca mi alma,Conozcan nombre y suturen, el grande dolor que me aqueja.
Tiznen con buen estilo, la vía crucis de mi delirio,Relaten en líneas concisas el opúsculo de los sueños idos.
Ocurran a mí las palabras, librándose de cadenas,
No permitan que yo les use como vulgares rameras.
Y menos acaben de putas, como lo fui en su momento,Viviendo ahí licencioso, entre los fustes del gozo.
Y absorto en el sabio juicio de su conspicua agudeza,
Pártanme admirables el alma, restañen prontas la herida.
Ella era un
lirio…
Era un lirio
desvalido,
En la marisma de un río.
No era un cardo
silvestre,
Era un nenúfar
marchito.
Pero el río era
sabio,
Y la remedió con
rocío,
Levantó velamen con
ella
Con rumbo hacia la
ribera
Al tiempo de estarse
viendo
Entre densos juncos del
río,
Se extasió en
amoríos,
Al amparo de las
estrellas.
El maridaje de los
gritos…
Por esas zarzas entre los
mitos,
A veces sangro, a veces
grito.
Que si tus lloros son como
mitos,
Por eso puyas con tantos
gritos.
Más si te piensas que por
tus gritos,
Voy a creerme todos tus
mitos.
Prefiero lloros, prefiero
gritos,
Que las falacias de hueros
mitos
Y si por viles tus
fuertes gritos,
Son como zarzas a mis
oídos.
Más me desgarran, hórridos
mitos,
Que la vergüenza de nuestros
gritos.
Demasiado tarde…
El día nace al fin sin
ti…
Frío y gris como una
pena,
¡Hasta el cielo pardo se
siento falto de cobijo!
Luego, por la tarde
sospeche…
¡Que el sol se había quedado
a dormir contigo!
Y no
volvió…
Después desconsolado,
-Al aguardo de tus
sueños-
Imaginé que al alba las
gentes preguntaban:
¿Y el sol?, ¿Y el
sol?... Sin darse cuenta,
-¡Que el sol de invierno es
muy remiso!-
¡Igual mi amor
desventurado!
Que arribó a tu corazón tal
vez…
-Demasiado
tarde-
Por esa
rosa…
Rosa del jardín de mis
andanzas
Que arrellanas entre el
tallo y las espinas
Un rocío pertinaz en mis
quimeras,
Que me inunda el alma
todavía.
El aguardo de tu amor, mi
desventura.
Y el fulgor de tus
ojos, magia bruna.
En el frío de las noches me
conforta,
El recuerdo de mi amor por
esa rosa.
Como
extraño…
En la noche sus
suspiros
y en las albas,
cimitarras.
¡Ay, soledades
impasibles!
…son exilio
lapidario.
Que si el dividendo es
ausencia,
¡Prefiero la
bancarrota!
Que si lucros baladíes
espigo…
¡Será en pecunia y no en
gemidos!
Cuanto me duele
vivir,
¡Seguro más que
morir!
Y como un callao
quede…
Apacible, al fin
cadáver,
de frente, tumbada y
fría,
-Era anzuelo
descarnado-
¡Ni postrero adiós me
dejó!,
-Se le apagaba la
vida-,
Alzo su vuelo a la
nada.
Sus íntimas, quietas
musitan
-Como un llover de
guijarros-
el rosario de sus
reproches.
Y ni el compás ni la
rosa,
rinden cuenta de su
deriva,
-El mar se amargó por
ello-
Ahora pesco nubarrones,
-Aguaceros que no
contengo-
¡Inundado en su
presencia!
Y como un callao quedé
a la orilla del camino.
-¡Sin su amor, y sin su
trino!-
Con la alma
ida
Campero de las
sabana
Suéltame al cuaco
retinto,
Que ya cansao de
afanes
Quiere volver al
potrero.
Se ve con el alma herida,
Carente siempre de
antojos,
A ver si resopla el aire
Y el tiempo se la
regresa.
La zarza y el verde
pienso
Se le atraviesa en el
seso
Volviéndole
descuidado
Como un potro
solitario.
Y en un descuido
llanero
Pierde una pata en un
hoyo
Y le matan como una
bestia
Como a un siervo
desvalido
Y allá la yegua
alazana
Sigue de largo esperando,
A ese cuaco
retinto
Que el destino le ha
quitao.
Los Ánsares del
Guadalquivir
Desoye el Guadalquivir
inquieto, los belicosos gritos de sus habituales necios,
Intenta precaverse en vano
de quienes turban la paz de sus marismas.
Bien sabe el imponente
río que los garbosos graznidos que escucha entonar en sus
esteros,
Son salmos más piadosos que
las vergonzantes quimeras de sus verdugos.
Y si acaso advierten estos
necios cazadores, que fortines en invierno los gallardos gansos
delimitan,
Sobrecogidos descubrirán que
son para procrear y no para aprestad combate.
¡Ay Patria mía de los
brezos, de las hierbas, y de los verdes musgos!
Libera a tus hermosos
ánsares de los embates de las mentes hueras
Resguarda celosa en la paz
del Guadalquivir… el nidal de tus amores;
¡El de los castaños críos,
de dorso gris barrado!
A María
Rosa…
Vuelan mis pájaros de
barro,
Para escuchar el trino
del zorzal andino,
Parten airosos al sur hasta
el acierto de Magallanes
Ahí donde los mares se
funden en uno mismo y fondo.
A rezarle a la Virgen
de Las Pampas,
A buscar a la Reina de
las Rosas,
A mi amiga… María
Rosa.
A esa delicada
argentería de letras hechas poema,
Diáfana y llana como
floración de argentina.
Remembranza viva de:
Quechuas, Guaraníes y Araucanos idos,
Sentimiento impertérrito de
las nobles raíces de la nacionalidad argentina.
Y siendo su nombre,
cantata sonora,
Riman los versos del
ave canora.
Y le rezo a la Virgen
Andina, a la Rosa Divina,
A la grandeza inmutable del
sueño Bolivariano,
Para abstraerme en sus
rimas, para saciarme de prosa,
Como si fuese mi
amiga, como si fuese mi hermana.
Y retornan felices mis
pájaros de barro,
Tras escuchar el trino del
zorzal andino.
Llueve …
Escurren tras la
ventana
Sus lloros en los
cristales,
Llenando de luna el
cuarto,
Con oscuros
fantasmales.
Y una estrella
procelosa,
Rasga el velo de las
nubes
Y las gotas de la
lluvia
En el dintel se
deslizan.
¡Ay de ti mi
lluvia mansa!,
De nostalgia toda
llena,
La existencia de esa
pena
No te deja a ti
amainar.
Al ver a los
pardos…
En aquel perdido
valle,
Donde jamás volvieron tus
huellas,
Tus memorias son la rumia,
Dulce o amarga según el tiempo ha
sido.
Y las risas que dejaste como
pardos
Trinan en las tardes frías del
invierno.
Furtivas hacen de mi amor su
burla,
Y ambrosías de ti les lanzo para
acallarlas.
Y la ilusión al tiempo se me
vuelve migas,
Y se me inunda el alma de dolor
henchida.
Y el solo acercarme a la ventana me vuelve loco,
Al ver a los pardos en el árbol
que plantamos,
Amándose en sus
nidos.
El paso del
tiempo
Inmóvil por un
suspiro, por tu memoria,
Recuerdo aquella tarde
bajo el cerezo,
En que dulce me decías
que me amabas,
Y me amabas muy
dichosa, dedicada.
Y la alondra y el
gorrión sueñan juntos,
Gorjeando risas de
amor, callando penas,
Y aunque lánguida mis
ojos ya te vean,
Radiante luna,
seguirás resplandeciente.
Seguiré con ganas de
verte a mi vera,
Aunque el reuma del
tiempo marchitare
y mi piel ajada con
iniquidad destroce,
Y Aunque nuestros
cuerpos sin calor quedaren…
Cárdeno nuestro amor
se torne eterno.
Gómez-Peña
La lluvia que no
cesa…
Esta lluvia que no cesa…
Empapa los retales de los
sueños
que flotan en nuestras aisladas
anochecidas.
Y no cesa, llueve y sigue
lloviendo,
Abriendo surcos en la
noche,
Tallando las agallas de los
locos,
en la carne argenta de sus
lunas;
Llovizna afligida que a gotas
resbala
sobre los insondables
intersticios que se anidan
en los sueños índigos de este
amor desventurado.
Y no cesa la lluvia, no desmaya,
sigue muda, sorda, ciega,
Vibrando en la tenue brisa de
nuestros sentidos,
Arrebujada en las cúpulas de los
días y de los locos.
Vibra, la lluvia vibra, sigue
viva, late, palpita, prevalece,
en tu silente corazón, en tus
ojos, en los míos,
y en las laderas encumbradas de
nuestra sin razón.
Y así seguimos, mudos, sordos,
ciegos,
Ensimismados en
lo mismo, en las lágrimas, en la lluvia,
En la ansiedad perenne, en la
ignominia,
Mientras, el tiempo sigue su
marcha, …inexorable.
Bersolari-Peña
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